4º día
Sabía que esta iba a ser una de las dos peores (la otra ya la pasé). Aunque no me imaginaba que me quitaría las ganas de escribir. Tampoco es tan así. Sigo teniendo ganas de escribir, lo que me faltan son ganas de sentarme delante del ordenador un buen rato. Nada más que oigo a familiares diciendo que soy muy valiente, que ellos no lo hubieran hecho… el primer día hice oídos sordos. Acababa de salir y era normal que me animaran. Pero la primera noche empecé a hacer un poco de caso. Quizá yo, si tuviese que volver a hacerlo, no lo haría. Pues nada, así empieza mi Diario del Silencio. Hay que ver, las cosas que te pueden hacer sonreír durante un día entero…las tonterías que te pueden llegar a hacer gracia. Pues sí, ahora lo sé. Ahora que no puedo reírme, al menos no como siempre, por unos días. Tengo que estar evitando cualquier pensamiento gracioso, cualquier programa en la televisión, cualquier chiste (por supuesto). Creo que anoche me di cuenta de la compenetración que se puede tener con una madre. No puedo hablar, y una pequeña pizarra de esas que escribes con rotulador y luego lo puedes borrar, se ha convertido en mi mejor aliada para expresarme. Aún así, cuando estaba en el hospital y algunas veces que no tengo ganas de escribir, no lo hago. Pero mi madre me entiende igual. ¡Y ya es mérito! Porque sí, vale. Se puede hablar sin mover las mandíbulas (es difícil, pero se puede. Yo lo probé) pero si encima está todo tan reciente…os digo que es difícil. Pues ella sólo mirándome a los ojos, me entiende. Hablando del silencio…anoche jugaba con mi hermano al Monopoli, porque estaba bastante pesadito con que jugáramos a algo, y ese era el único juego que no me tenía que levantar de la cama ni estar sentada ni cosas así, y acepté. Me entraron ganas de reír al llevar diez minutos y vernos allí a los dos tan en silencio. Es difícil estar jugando a un juego y estar así, no? Al menos a mí me lo pareció. Y bueno, yo no es que hablara mucho, pero desde que volví de Argentina, tengo que admitirlo, que sí que lo hacía más que antes. Aunque no echo de menos hablar, en realidad echo de menos poder expresarme como yo quiero, no como si estuviésemos jugando a adivinar películas mediante gestos. Porque, creo que es el juego que más me va a mí ahora mismo. Y ahora para acabar, os presento a mis tres mejores amigos: - La pizarra: Que ya os he hablado de ella. Con la que puedo “hablar” y hacerme entender. Sin ella o algún papel cerca, no sería nada ahora mismo. Aunque como soy tan ecologista, mejor no usar tanto papel. - El teléfono móvil: Pues sí, gracias a él parece que no me hayan hecho nada. Me puedo comunicar con mis amigos y el resto de la humanidad por mensajes cortos. Eso sí, cuando llegue la factura del teléfono, no quiero estar en la piel de quien la tenga que pagar… - La campanita: Pues sí, chicos sí. Mi madre me ha puesto una campanita al lado, como en las películas. Por si quiero llamarla y que venga. Aunque no sé si por vergüenza o porque las piernas me funcionan perfectamente, no la uso casi. En el hospital usaba el teléfono para despertarla, lo hacía sonar por la noche y venía en mi busca (jeje) pero ahora en casa, pues le gusta más la campanita. Bueno, creo que para ser el primero después de un tiempecito, que ahora que lo pienso, tampoco ha sido tanto….ya está bien, no? Gracias por seguir ahí (los que sigáis) y nos estamos leyendo!! Besitos para todos.
- La Frase del Día:
"Espera que te de la vuelta al ojo"
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